Descripción
Un colmillo de obsidiana perforado en su centro con un triángulo de ángulos suavizados. El vaciado cambia todo: la piedra se aligera, y lo que hay detrás, la piel o la ropa, aparece en medio de la joya.
El vacío no es decorativo, hace el dibujo. Una masa negra llena se lee como una silueta; la misma masa perforada se lee como un contorno, y el ojo sigue el trazo en vez de detenerse en la superficie. Es también lo que distingue este modelo del colmillo lleno del catálogo: misma forma exterior, lectura opuesta. Los dos están aquí.
El vaciado aligera realmente la pieza, en cerca de un tercio de su peso, y eso se nota en un colgante llevado todo el día. Un colmillo lleno de este tamaño pesa unos quince gramos y tira ligeramente del cordón; este pesa diez y se queda en su sitio. En una piedra pesada como la obsidiana, no es un detalle.
La reserva es estructural y la digo sin rodeos: es la pieza más frágil del catálogo. Ahuecar una piedra equivale a retirar la materia que sostenía el resto, y siendo la obsidiana un vidrio, las dos ramas que enmarcan el vacío trabajan a flexión. No se romperán al llevarlas, se romperán al caer. Un colmillo lleno caído sobre baldosa se mella; este puede romperse en dos. A guardar en plano, no suspendido de un gancho.
La litoterapia asocia la obsidiana al anclaje. Nada de eso está demostrado, y una joya no cura nada. He reunido aparte lo que la tradición atribuye a la obsidiana, en condicional de principio a fin.
- Obsidiana negra auténtica, colmillo ahuecado con un triángulo de ángulos suavizados.
- Un tercio más ligero que un colmillo lleno del mismo tamaño.
- La pieza más frágil del catálogo: a guardar en plano, nunca suspendida.
- Cordón trenzado negro ajustable, sin cierre metálico.
Lo que conviene saber antes de llevarla
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Las características
- Piedra
- Obsidiana negra, vidrio volcánico
- Forma
- Colmillo ahuecado, pulido a espejo
- Longitud
- Unos 45 mm
- Peso
- Unos 10 g
- Montura
- Ninguna, piedra taladrada y anudada
- Cordón
- Cordón trenzado negro, longitud ajustable
- Género
- Unisex
- Marca
- Bijoux Obsidienne

Ahuecar un vidrio volcánico, la operación más arriesgada del catálogo
Ahuecar es la operación que cuesta más piedras al taller, y no es el taladro inicial el que las mata. Es el ensanchado: una vez iniciado el agujero, hay que abrirlo hasta la forma final, y cada pasada adelgaza las dos ramas que enmarcan el vacío. Llega un punto en que la pieza ya no tiene bastante materia para absorber la vibración de la herramienta, y se hiende de golpe, sin avisar, generalmente en la última pasada. La tasa de rotura en este modelo supera una pieza de cada cuatro.
Este modelo existe porque el colmillo lleno, por logrado que esté, sigue siendo una masa. Perforarlo lo convierte en un dibujo, y es otro objeto por el mismo precio, o casi: la diferencia de tarifa no cubre ni el desecho. Los dos están aquí y la guía de la obsidiana explica la materia.
No es el taladro el que mata la piedra, es la última pasada de ensanchado. Una de cada cuatro se hiende ahí.
La obsidiana no teme el agua, pero esta pieza no soporta la caída. Guárdela en plano en su bolsita, nunca suspendida de un gancho donde pueda balancearse contra una pared. Basta un paño suave, nunca una cuba de ultrasonidos. Limpiar una joya de obsidiana dice el resto.








